RD necesita comunicadores valientes para denunciar la corrupción y defender la verdad, pero también ciudadanos conscientes de que las palabras tienen consecuencias. El desafío consiste en encontrar el equilibrio que permita construir una sociedad donde la verdad prevalezca sobre la mentira y la justicia camine de mano con la libertad.
POR DANIEL LAJARA
PUBLICADO EL 12 DE Jun DE 2026 04:58 PM
LECTURAS 14
La
discusión sobre el nuevo Código Penal ha reavivado uno de los debates más
importantes para cualquier democracia: ¿cómo proteger la libertad de expresión
sin convertirla en una licencia para difamar, insultar o destruir reputaciones?
Diversos periodistas, comunicadores y representantes de
medios han expresado preocupación por algunas disposiciones relacionadas con la
difamación, la injuria y otras figuras penales que podrían afectar el ejercicio
de la crítica pública. Recientemente, el presidente de la Sociedad Dominicana
de Diarios, Persio Maldonado, advirtió que ciertas disposiciones podrían
generar temor entre periodistas y ciudadanos al momento de denunciar asuntos de
interés público. Sus observaciones se suman a otras voces
que consideran que algunas normas podrían producir un efecto de
autocensura incompatible con una sociedad democrática.
La
preocupación merece ser escuchada. Una democracia saludable necesita medios
libres, periodistas independientes y ciudadanos capaces
de cuestionar a quienes ejercen
el poder. La crítica, incluso cuando resulta
incómoda, forma parte esencial de la rendición de cuentas y del control
social sobre los funcionarios públicos.
La Constitución dominicana reconoce ese derecho y
cualquier regulación debe respetar ese principio fundamental.
Sin
embargo, también sería un error ignorar una realidad evidente: durante años se
ha desarrollado en ciertos
espacios mediáticos una cultura de irresponsabilidad comunicacional. Programas de radio,
televisión, plataformas digitales y redes sociales han servido en ocasiones para difundir acusaciones sin pruebas, ataques
personales, campañas de descrédito
e incluso informaciones falsas que afectan la honra de ciudadanos inocentes.
La libertad
de expresión nunca
ha significado ausencia
absoluta de consecuencias. El derecho a
expresarse libremente debe coexistir con otros derechos fundamentales, como la
dignidad humana, el honor, la intimidad y la reputación de las personas. Cuando
un comunicador utiliza un micrófono para informar, cumple
una función social
valiosa; cuando lo utiliza para difamar deliberadamente, está
abusando de esa libertad.
El verdadero desafío no consiste
en elegir entre
libertad o regulación. El reto es construir un marco legal que castigue los abusos
sin silenciar la crítica legítima. Un Estado democrático no debe perseguir
periodistas por investigar ni ciudadanos por opinar. Pero tampoco puede
permanecer indiferente cuando se destruyen reputaciones mediante mentiras,
chantajes mediáticos o campañas de difamación sin ningún tipo de
responsabilidad.
Por
eso, el debate sobre el Código Penal debe alejarse de los extremos. Ni una ley
mordaza que intimide a la prensa, ni un libertinaje comunicacional donde
cualquiera pueda acusar, insultar o difamar sin responder por sus actos. La
República Dominicana necesita más libertad, pero también más responsabilidad.
La fortaleza de una democracia no se mide por la ausencia de límites, sino por su capacidad de proteger simultáneamente la libertad y la dignidad de sus ciudadanos. La libertad de expresión debe seguir siendo sagrada, pero como todo derecho en una sociedad democrática, también debe ejercerse con responsabilidad.
Reflexión final.
Como cristianos, estamos llamados a defender la
verdad y a usar nuestras palabras con sabiduría. La Biblia nos recuerda que: "Ninguna palabra corrompida salga
de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria
edificación, a fin de dar gracia a los oyentes" (Efesios 4:29).
En
tiempos donde un micrófono, una cámara o una red social pueden influir sobre
miles de personas en cuestión de segundos, esta exhortación cobra una
relevancia extraordinaria. La libertad de expresión es un don valioso que debe
ser protegido, pero también una responsabilidad moral que exige prudencia,
honestidad y respeto por la dignidad humana.
La
República Dominicana necesita comunicadores valientes para denunciar la
corrupción y defender la verdad,
pero también necesita
ciudadanos conscientes de que las palabras tienen consecuencias. La libertad sin
responsabilidad degenera en libertinaje; la regulación sin libertad se
convierte en censura. El desafío consiste en encontrar el equilibrio que
permita construir una sociedad
donde la verdad
prevalezca sobre la mentira y donde la justicia camine de la mano con la libertad.
Como
enseña la Escritura: "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:16). Que nuestros medios de comunicación, nuestras
opiniones y nuestras
palabras produzcan frutos de verdad, responsabilidad y bien común para
toda la nación.
Por
Daniel Lajara. Comunicador y presentador de televisión.
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